Con el pegadizo eslogan “Presione un botón, nosotros hacemos el resto”, George Eastman fundó oficialmente en 1888 la compañía Kodak, la cual fue acompañada de la primera cámara compacta que hacía que cualquiera, en la época, pudiera hacer fotografías.
Está claro que hablar de Kodak es hablar de cine y fotografía; y que el séptimo arte no hubiera sido lo que es técnicamente ahora, sin esta gran compañía. Parecía que todo iba a seguir igual hasta que la era digital empezó a revolucionar el mundo audiovisual. Con los nuevos formatos ya no hace falta rodar con película, solo se necesita una cámara digital, un buen objetivo y tarjetas de memoria o discos duros, para conseguir una calidad que (aunque los puristas, como Spielberg, Tim Burton, J.L. Guerín o Tarantino no lo admiten) es casi equiparable al celuloide.
En el año 2000 el pionero realizador George Lucas decidió rodar su nueva trilogía de Star Wars en formato digital, encargando a Sony y Panavisión la HDW-F900 (o CineAlta), la primera cámara de cine digital profesional. Y como él, otros cineastas como D. Fincher, J. Cameron o M. Mann, ahora ruedan principalmente en digital.
Con las cámaras de cine digitales y los nuevos procesos de producción, ya no es necesario revelar la película, lo que abarata considerable los costes de rodaje y permite mucha más flexibilidad a la hora de rodar (ya que las cámaras son más pequeñas y menos pesadas). El sueño que Eastman imaginó para la fotografía el mundo digital lo ha extrapolado al cine, ya que ahora cualquiera que disponga de una cámara digital puede crear sus películas caseras, editar en material en su propio ordenador y hacer las copias que necesite. Claro está que no solo hace falta una cámara de video para ser cineasta como no solo hace falta una cámara de fotos para ser un buen fotógrafo, pero por lo menos ahora está al alcance de la mayoría.
A lo mejor Kodak no lo vio venir, y pensó que lo digital, estaría reservado a la creación audiovisual amateur y que el celuloide permanecería; pero la verdad es que el 19 de enero de 2012 se declaró en quiebra “para reorientarse en el mundo digital”, aunque ya en 2011 el 75% de sus ingresos venían de sus materiales y tecnologías digitales. Ahora solo queda esperar, aunque al celuloide aún le quedan años de vida y siempre estará ahí para los más nostálgicos, pero la realidad es que el mundo digital ha llegado para quedarse y aquí se impone la máxima de renovarse o morir.
Selina K.